Aprender

El condado de Montgomery alberga cuatro de las ciudades más diversas de nuestro país. Entre nuestros vecinos se encuentran padres que trabajan y compaginan múltiples empleos, adultos mayores con dificultades de movilidad y familias en zonas rurales alejadas de las fuentes de alimentos.

El 34% de nuestros vecinos enfrentan inseguridad alimentaria, según el último Informe sobre el hambre del banco de alimentos del área capital. La mitad de los estudiantes de nuestro condado califican para comidas gratuitas o a precio reducido.

La seguridad alimentaria es compleja y tiene sus raíces en la pobreza, los costos de la vivienda, el aislamiento, la ubicación y los problemas de salud.

Cuando aprendemos sobre los problemas, podemos abogar por cambios que generen seguridad alimentaria a largo plazo y resuelvan el hambre.

Los problemas detrás de la seguridad alimentaria

Costo de vida

El empleo por sí solo no siempre es suficiente. Los salarios no se han adaptado al alto costo de vida en la región de Washington, lo que aumenta la carga para las personas y familias de ingresos bajos y moderados. Una familia de tres personas necesitaría ganar $56.81 por hora para ser autosuficiente, y un trabajador con salario mínimo tendría que trabajar 120 horas semanales tan solo para cubrir sus necesidades básicas.

Salud y el seguro de salud

El alto costo de la atención médica implica que muchos de nuestros vecinos se ven obligados a elegir entre medicamentos o comidas. La inseguridad alimentaria puede provocar enfermedades crónicas como la diabetes o las cardiopatías. Afecciones como estas hacen que el acceso a alimentos nutritivos sea más importante, a la vez que aumentan el costo de la atención médica.

Ubicación

El lugar donde viven nuestros vecinos no debería determinar su alimentación. En nuestro condado, muchas zonas no tienen fácil acceso a supermercados ni transporte público, lo que significa que nuestros vecinos no tienen acceso a alimentos nutritivos y asequibles.

Desigualdad sistémica

Las barreras históricas y sistémicas, incluidas las disparidades raciales y económicas, afectan desproporcionadamente a quienes padecen hambre. Abordar la inseguridad alimentaria requiere que enfrentemos estas desigualdades de frente y aboguemos por una distribución más justa de los recursos.